LA TRAMPA DE LA QUEJA
Somos los campeones mundiales del diagnóstico. En ningún lugar del mundo logran una descripción tan clara de los propios problemas como acá. Cada vez hay más bares y cafés donde se filosofa hasta el aspecto más profundo del argentino y sus dilemas. Es tan intenso el diagnostico que no nos queda más tiempo para nada. Una trampa muy peligrosa.
¡QUE SE VAYAN TODOS! Fue la frase acuñada durante la crisis de 2001 en donde los graves problemas económicos dejaron como tantas veces expuestos la obscena incapacidad de la clase política para construir el bienestar general. Reflexiones posteriores nos llevaron a la idea que, para que se vayan todos, son necesarios “otros” que ocupen sus lugares. La participación de nuevos actores comenzó a ser el objetivo deseable en busca de mejorar la calidad institucional. Una “nueva política” comenzó a desarrollarse como respuesta a las demandas que se desgastaban por el paso del tiempo y la mejora económica. Los resultados demuestran el casi nulo valor de cambiar personas y dejar intacto el sistema de ideas que rige el mecanismo.
Veo hoy una nueva ponderación más acertada. ¡QUE SE VAYAN TODAS LAS IDEAS! Seguimos necesitando renovar las personas que ocupan los tiempos participativos políticos. Pero personas nuevas sin ideas nuevas es fracaso ya probado. Un nuevo sistema de percepciones e ideales es la pelea que vale la pena.
La advertencia promovida por la casta política es que solo ellos son capaces de generar las ideas que dan base a los sistemas de normas. Que solo un abogado o un legislador sabe de leyes. ¡Esta es la mayor mentira de la democracia! Mentira que fue usada durante 36 años para limitar la participación ciudadana y encerrar al poder legislativo en un grupo de conveniencia. Cualquier persona puede y es capaz, de aportar miradas de gran valor. Cada emprendedor, profesional, empresario, productor agropecuario, docente o empleado tiene méritos para ocupar una banca legislativa.
Por ello en este espacio planteo un ejercicio imprescindible. A cada diagnostico una idea para probar. Por cada queja es imperativo un bosquejo para un nuevo rumbo.


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