LA PANDEMIA NOS REGALA UNA REVOLUCIÓN
El corona virus dejo al desnudo la obscena adicción de
nuestro país. Vivimos al fiado. No hay infraestructura, ni ahorros, ni crédito.
Gastamos más de lo que tenemos. La irresponsabilidad en el manejo del esfuerzo de
la comunidad tiene causantes: todos los que usaron al estado como fuente de
privilegio y riqueza. Políticos, empresarios, gremialistas y empleados.
La pandemia mostró que aun en la peor crisis de la historia
no están dispuestos a ceder nada de las “conquistas” logradas. Privilegios que
se sostienen con la succión de recursos que hoy vemos que no existen y que
cerradas todas las puertas subsisten con la emisión de papeles de colores. Hoy
sabemos, sin posibilidad de duda, que no podemos contar con ellos.
Necesitamos en forma urgente comenzar la revolución que trasforme
este sistema democrático que ha caducado. Un sistema que nos ha llevado a
desequilibrios tan profundos que ha dado legitimidad a la injusticia. Que da
legalidad a lo inmoral. Y que, sobre todo, se desconectó de la voluntad de las mayorías.
Es inevitable pensar que este cambio es imposible. Quienes
administran los privilegios se ha ocupado por años de transmitir esa idea. No
va a ser fácil. Han enmarañado tanto los sistemas de participación que toda
renovación se ve como una batalla épica, utópica. Pero el regalo de esta
pandemia es la fuerza para iniciar el proceso. La mezquindad esta tan expuesta
que abre puertas para nuevas propuestas. Nada derrota más a la muerte que un
nacimiento.
El comienzo va a ser muy duro. Hay que pelear en su terreno.
Plagado de tramoyas y piedras en el camino. Es inevitable entrar por la puerta
de las elecciones a través de un partido con el formato hoy vigente. Jugar con sus
reglas. Todas pensadas para que haya la menor participación posible. Esa es la primera
batalla, la más dura, la más importante. No se puede despreciar este regalo. Nunca
en la historia hubo un momento más poderoso para comenzar.


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